Albayzín, ¿Patrimonio de la humanidad?
10 septiembre 2009 | Categorías: Tribuna de Opinión |
Sandra Álvarez Muñoz | Geógrafa
Es habitual encontrar, entre las páginas de los periódicos, noticias sobre el Albaycín. Esto, en principio, no es algo negativo, el problema es que la mayoría de las noticias tiene cierto carácter desasosegante: empedrados que se sustituyen, asfalto que gana terreno, edificaciones que no cumplen las normas urbanísticas, patrimonio abandonado, inmuebles públicos en venta, suciedad e inseguridad. Todas ellas denotan formas de actuar, o no actuar, que van deteriorando el barrio, su identidad, desdibujándolo en nuestra memoria.
Así, noticia tras noticia, surge la imagen de un Ayuntamiento que mira al Albaycín con los mismos anteojos que se pone para mirar a los barrios, a los otros barrios de la ciudad, detectando sólo los problemas que le sirven para ejecutar soluciones fáciles, adocenadas, con el mismo asfalto, el mismo mobiliario, el mismo concepto de espacio urbano. Es más fácil así porque se evita tener que pensar, analizar y saber qué es lo que queremos hacer con el Albaycín, un Patrimonio de la Humanidad que cada vez le quema más en las manos.
Este es el verdadero problema, que el Albaycín es Patrimonio de la Humanidad. El Ayuntamiento debería tener en cuenta esas cosas y, también, que los ojos del mundo, vía Unesco, siempre nos están mirando, y esta semana parece que con más intensidad, para ver qué hacemos con ese patrimonio. Por tanto, el alcalde debe pensar en el Albaycín con miras menos cortas, menos adocenadas, menos cutres y más reflexivas y complejas porque hablamos de un espacio con alto valor patrimonial y de primordial importancia en la escena urbana de la ciudad.
La Unesco, en la guía de Directrices Prácticas para la aplicación de la Convención del Patrimonio Mundial, elaborada en 2005, explica muy bien cuales son las características por las que un bien pasa a ser Patrimonio de la Humanidad. Pero en esta guía, hay otra lista, una lista negra, en la que puede inscribirse un bien catalogado como patrimonio de la humanidad, cuando, debido a la pérdida progresiva de su calidad como tal y al peligro de su integridad como bien, puede dejar de ser digno de pertenecer a la humanidad. ¿Qué tiene que ocurrir para que el Albaycín se convierta en miembro de esta segunda lista?
Las consideraciones de la Unesco, en su directriz 177 para la inscripción de bienes en la Lista de Patrimonio Mundial en Peligro, a tenor de lo dispuesto en su Artículo 11 contemplan las siguientes condiciones: a) Que el bien en cuestión figure previamente en la Lista del Patrimonio Mundial; b) Que el bien esté amenazado por peligros graves y concretos; c) Que se necesiten obras importantes para salvaguardar ese bien; d) Que se haya presentado una solicitud de asistencia para ese bien con arreglo a lo estipulado en la Convención. El Comité estima que esa asistencia puede revestir, en algunos casos, la forma de un mensaje que exprese sus preocupaciones. La inscripción del bien en la Lista del Patrimonio Mundial en Peligro podrá constituir por sí sola ese mensaje, y cualquier miembro del Comité, o la Secretaría podrá solicitar esa forma de asistencia.
El Albayzín, comienza a mostrar síntomas de que esta enfermedad, la del riesgo como Patrimonio de la Humanidad, corroe su interior: La volumetría general del barrio se ha modificado, al alza, debido a una inadecuada política municipal de licencias; la tipología de las edificaciones se ha desvirtuado en amplias zonas; los espacios vegetados, han ido menguando; las calles han cedido su carácter en beneficio de su adaptación al tráfico rodado; la suciedad y la dejadez, física y social, se han hecho endémicas en lugares cuyo encanto debería arrastrar su preservación. Y, como una nube negra que anuncia calamidades, tenemos una propuesta, por parte del Ayuntamiento de nuevo Plan Especial de ¿Protección?, cuyo objetivo final no es fácil de adivinar pero, desde luego, no es el de sacar al Albaycín de este proceso degradante.
Ya no podemos esperar más. Es urgente que se revise la política sobre el Albaycín, desde una visión comprometida con la primacía del interés público sobre el privado, defensora del respeto y la conservación del patrimonio, imaginativa, específica e inteligente. Lo lamentable es que todos estos son atributos que no cuadran, en absoluto, con la forma de hacer política de nuestro alcalde. El Ayuntamiento, pues, tiene que tomarse en serio el Albaycín porque, quizás, es cierto que no es el único culpable de su deterioro, pero es el responsable de evitarlo.
Publicado en Granada Hoy. 10 de septiembre 2009



































