El Crédito y la Oferta.

José María Rueda Gómez. Secretario general del PSOE de Granada.
Publicado en Ideal (21/01/2015)

Tribuna de Opinión

Corren tiempos políticos, que ya he calificado más de una vez, de complejos, difíciles de interpretar y sobre los que resulta prácticamente imposible ofrecer una respuesta única para definirlos y para atisbar un desenlace. Y tampoco es ni será la última vez que manifieste mi opinión de que se equivocan quienes plantean la solución en una frase, en un concepto, por más llamativo que resulte y por más impactante que resulte en la opinión pública. Es la gloria del momento, el éxito efímero, la ansiedad por tener una ocurrencia que supere a la anterior.

Es el éxtasis de las ofertas, al modo de los periodos de rebajas comerciales. Cada oferta mejora a la anterior, parece irresistible sucumbir a las mismas, dado su efecto multiplicador y expansivo. Lo realmente peligroso, en mi opinión, es que dicho mecanismo traspase los límites de lo comercial, donde tiene seguramente sentido, y pretenda instalarse en el ámbito de la política. Y pretenda hacerlo, justamente, cuando, como he señalado, corren tiempos complejos, difícilmente susceptibles de ese reduccionismo. Pero en ésas parece que estamos, en una carrera por ser los más ingeniosos, los más originales, los más modernos y los más ocurrentes. Y, claro, para conseguir eso, parece que todo vale. No hay límite en la oferta.

Toda lo anterior se produce, evidentemente, por variados motivos, pero creo que uno de ellos, y no el menos importante, es la falta de crédito que tienen hoy los mecanismos y las estructuras políticas llamadas tradicionales, y que en realidad, representan, aún de forma muy mayoritaria, los sentimientos, las esperanzas y las maneras de entender la vida de las sociedades modernas. Crédito que se ha ido perdiendo con el ejercicio del poder, con la relajación de algunos controles internos y externos, con algunas renuncias programáticas no bien explicadas y con la aplicación de un pragmatismo político, necesario pero no siempre bien entendido.

El crédito político se puede recuperar, de hecho hemos asistido en la reciente historia democrática a episodios de pérdida y recuperación del mismo por parte de diferentes fuerzas políticas. Se necesita para dicha recuperación un reconocimiento de errores con la consiguiente implantación de medidas correctoras o regeneradoras de los mismos, una actualización de las propuestas políticas para volver a conectar con la ciudadanía que las requiere y una adecuación del mensaje y los gestos políticos a las nuevas demandas que se van generando en la sociedad. No está de más, añadir a las anteriores premisas, alguna oferta que busque impactar en la opinión pública y provocar debate y controversia, siempre que no se renuncie a ningún postulado fundamental del programa político.

Lo que creo que está ocurriendo en España en estos tiempos es que se confunde el crédito con la oferta. Las llamadas fuerzas emergentes, que cada vez lo son menos, buscan su crédito político ante la ciudadanía a través de la oferta, de una sucesión de ofertas variopintas, a veces desordenada por ignorancia, desconocimiento o demagogia, otras veces ciertamente atinada por sintonizar con anhelos mayoritarios. Saben que la confianza democrática recibida en las urnas proviene, básicamente, del descrédito acumulado por las llamadas fuerzas tradicionales, y que eso no es eterno. De ahí la necesidad de estar ofertando continuamente.

Y estas fuerzas llamadas tradicionales intentan recuperar el crédito a través de la oferta, intentando recuperar la credibilidad y la afección política perdida compitiendo a base de originalidad, ocurrencia y supuesta modernidad. Esa es realmente mi percepción de lo que está sucediendo en nuestro país en la actualidad, con el añadido en lo referente al PSOE, a mi partido, de que gran parte del crédito perdido a lo largo de los últimos años, no se ha volatilizado, sino que ha encontrado acomodo (de momento) en otras opciones políticas o en la abstención activa.

De modo que como propuesta de acción, u “hoja de ruta” para la recuperación del crédito político del PSOE, y al margen de alguna que otra oferta que se haga, sin pasarse, conviene centrarse en la definición, explicación y defensa de un proyecto sólida y nítidamente socialista y democrático; que garantice con rotundidad, y pese a quien pese, la igualdad, la libertad, la solidaridad y la justicia social; que ejerce en su seno y propone para la sociedad una democracia limpia, una lucha sin cuartel contra todo tipo de corruptela, clientelismo o sumisión, por pequeña que sea, que hace de la transparencia y la apertura señas de identidad internas y externas, predicando con el ejemplo. Que, además, reivindica el poder para transformar en el ámbito local, regional, nacional y global; que mira cara a cara a la gente y siempre ofrece una solución a sus problemas o una explicación ante la carencia de aquéllas, asumiendo la responsabilidad por ello. Y que, naturalmente, ofrece a la ciudadanía personas radicalmente honestas para poner rostro creíble a las propuestas citadas. Porque si no, estaremos en la oferta, y no en el crédito, que es donde hay que estar. Inexorablemente y por convicción.

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