El primer alcalde socialista de la capital
21 junio 2010 | Categorías: Tribuna de Opinión |
Pilar Puertas Contreras
Frecuentemente se tiende a considerar a Manuel Fernández Montesinos como el primer alcalde socialista de la Granada republicana, pero en realidad no es así. Y, aunque la importancia política del señor Montesinos es innegable en aquella etapa, es de justicia recordar al que sí fue el primer alcalde socialista de la capital, Francisco Menoyo Baños.
Ingeniero de profesión, sale elegido en las elecciones del 12 de abril de 1931, las municipales que dieron paso al régimen republicano en España. Esta corporación toma posesión poco después, nombrando alcalde al republicano Martín Barrales y ocupando Francisco Menoyo la delegación de Fomento (el equivalente a la delegación de Obras Públicas y Urbanismo en la actualidad). Y es quizás por esto, que el señor Menoyo tendrá una gran importancia en la definición de los objetivos que en materia de urbanismo tendrá esta corporación, sin olvidar el apoyo incuestionable de Manuel Fernández Montesinos que será el que continúe el proyecto urbanístico de esta primera corporación republicana una vez que Menoyo dimita del cargo. Y esto es importante por la peculiar situación política que se vive a escala local, que no es más que un reflejo de la situación a escala nacional. No hay que olvidar que el calificativo de republicanos abarca un gran abanico ideológico cuyo único punto en común es la negación del régimen monárquico, pero con grandes dificultades a la hora de llegar a acuerdos que garanticen gobiernos estables.
En el ámbito local, esto se refleja en los continuos cambios de alcalde y delegados. Así, en septiembre de 1931, dimite Martín Barrales siendo elegido nuevo alcalde el socialista Francisco Menoyo Baños y ocupando el resto de concejales socialistas distintas delegaciones: la de Fomento pasa a ser ocupada por Manuel Fernández Montesinos.
El Defensor de Granada define a Menoyo como «un hombre joven, activo, inteligente y emprendedor, uno de esos elementos que vienen a la política con una preparación cultural y una moderna orientación». La oposición municipal sólo ve un defecto, que sólo sea granadino de afecto a la ciudad. «El amor por las cosas puede nacer sin brotar de las mismas cosas», le contesta el alcalde electo, añadiendo que nunca pensó complicar el amor que sentía por Granada con una simple partida de nacimiento.
Y el mismo diario El Defensor de Granada enumera las prioridades de la actuación municipal: combatir el paro forzoso, reforma de la ciudad, aguas potables, reorganización de servicios y responsabilidad por actuaciones durante la Dictadura de Primo de Rivera. Aquí sólo vamos a tratar brevemente uno de estos aspectos: la reforma de la ciudad, entendiendo como tal el dotarla de un instrumento de desarrollo global, el equivalente en la actualidad a los planes generales de ordenación urbana. Y esto es importante por cuanto hasta ese momento los instrumentos de planificación urbana ejecutados en nuestra ciudad habían sido sectoriales: por un lado, la reforma interior, cuyo ejemplo más evidente es la apertura de la Gran Vía a finales del siglo XIX y, por otro lado, el ensanche de la ciudad como instrumento para conseguir nuevo suelo urbanizable, cuyo ejemplo es el fracasado ensanche de las Eras de Cristo (década de los años 20).
Como hemos visto anteriormente, la responsabilidad del urbanismo municipal está desde un primer momento en Francisco Menoyo como delegado de Fomento y posteriormente en éste como alcalde y en Manuel Fernández Montesinos como responsable de Fomento y serán ellos los que planteen la necesidad de dotar al Municipio de un instrumento de desarrollo general, cosa nada fácil por la escasez de recursos materiales y humanos de los servicios de urbanismo municipales en ese momento, debiendo comenzar por contratar con el Instituto Geográfico y Catastral la elaboración de una cartografía actualizada, por promover una reorganización de la delegación de Fomento estableciendo un organigrama que, salvando las distancias, es muy parecido al que existe en nuestros días y por la contratación de un arquitecto con una sólida formación en las nuevas prácticas urbanísticas, Alfredo Rodríguez Orgaz, que en esos momentos formaba parte del estudio madrileño de Secundino Suazo (autor poco después del proyecto del Banco de España en nuestra capital).
Casualmente, las tres personas citadas anteriormente pertenecían al Partido Socialista y quizás por eso las bases que se aprueban para la contratación de la redacción del plan de ensanche y reforma de la ciudad son enormemente progresistas, destacando la visión comarcal de ese desarrollo urbano y una apuesta por la municipalización del suelo urbanizable en aras a una futura construcción de viviendas sociales (se prevén unas 10.000), porque la falta de suelo para la construcción de este tipo de viviendas era uno de los problemas urbanos más importantes desde hacía décadas y, desgraciadamente, lo seguirá siendo hasta nuestros días.
Francisco Menoyo deja la alcaldía en abril de 1932, cuando por motivos laborales debe trasladar su residencia a Madrid, siendo Manuel Fernández Montesinos y Alfredo Rodríguez Orgaz los impulsores de esas actuaciones iniciadas hasta que, en octubre de 1934, el gobierno municipal es sustituido por una gestora impuesta desde el gobierno central, lo que implicará un giro a la derecha de la política local y el consecuente abandono de la mayoría de los proyectos iniciados durante la etapa anterior. En cuanto al plan de ensanche y reforma de la ciudad será convocado por esta gestora, pero con unas bases distintas de las que, entre otras cosas, ha desaparecido cualquier alusión a municipalización del suelo y de la vivienda. Sin embargo, no será hasta 1951, siendo alcalde don Antonio Gallego y Burín, cuando la ciudad disponga por fin de un plan general de ordenación urbana, el famoso Plan de Alineaciones.
En cuanto a la corporación destituida en 1934, será restituida de nuevo en el poder municipal después del triunfo del Frente Popular en las elecciones de febrero de 1936, siendo el último alcalde de la misma Manuel Fernández Montesinos, que toma posesión pocos días antes del golpe militar de julio.
Francisco Menoyo volverá a Granada durante la Guerra Civil al frente del Ejército de Andalucía, siendo detenido cuando ésta acabó, sometido a un consejo de guerra y fusilado poco después, al igual que Fernández Montesinos lo había sido en 1936. Y aunque gran parte de esa generación perteneciente al bando perdedor de la guerra fue fusilada, desterrada o encarcelada en un intento de borrar cualquier rastro de su existencia, debemos seguir recuperando ese rastro porque nuestra historia sólo estará completa con ellos.
Publicado en Ideal



































