El Tiempo que Viene.

José María Rueda Gómez. Secretario general del PSOE de Granada.
Publicado en Ideal (29/02/2016)

Tribuna de Opinión

Escribo estas reflexiones sin conocer que va a ocurrir en el Debate de investidura del Candidato del PSOE a la presidencia del gobierno de España del próximo día 2 de marzo, y procurando (ignoro si consiguiendo) separar, estos días, lo que de objetivo encuentro en los diversos medios de comunicación, al respecto de las complejas negociaciones que se llevan a cabo, de aquéllo que más parece subjetivo, deseo u opinión interesada, cuando no directamente intoxicación.

Y lo hago antes de conocer dicho desenlace, porque creo firmemente, que al margen del mismo, y al margen de los acontecimientos que se pudieran desencadenar a partir del 5 de marzo, el tiempo nuevo ya está aquí, pase lo que pase. Anunciado por unos, temido por otros, o simplemente esperado por inevitable por el resto, el nuevo tiempo ha llegado. Seguramente no viene adornado por las guirnaldas que algunos prometieron en un exceso de entusiasmo. Tampoco lo hace al son de cornetas y tambores con los que se anunciaba, casi apocalípticamente, por quienes se creyeron sus únicos e ingenuos valedores. Ha llegado, como todo tiempo político, con sus luces y sus sombras, con sus fortalezas y sus debilidades. Acompañado de la complejidad que caracteriza a la sociedad actual, diversa, plural, a veces confusa, a veces sobredimensionando lo menos importante e intentando pasar de puntillas por lo verdaderamente crucial. Pero ya está aquí.

Un tiempo nuevo en el que perdurarán, lógicamente, atisbos de conveniencia incluso tacticismo electoral por parte de los actores políticos (de todos sin exclusión), pues nadie puede ni debe dar por “asegurado” casi ningún voto, y es todavía pronto para que la convivencia entre los diversos actores adquiera tonos de normalidad, dado lo reciente de la misma. Estrategia electoral que además viene justificada por el hecho cierto de la cercanía de unos nuevos comicios. Cercanía máxima si no se logra la investidura en el plazo próximo a abrirse, o media si lográndose ésta, sirve de apertura a una legislatura que será corta, en términos comparativos, por la dimensión casi histórica de las decisiones a adoptar o a esbozar, que precisarán de nuevo refrendo popular.

Un tiempo de aprendizaje, no sólo para los actores políticos, sino también para la ciudadanía, que de manera coordinada, tendremos que descubrir una mejor manera de arbitrar los acuerdos, administrar los desacuerdos, establecer las separaciones y los acercamientos políticos; en definitiva, aprender a convivir (de nuevo) con realidades diferentes que no podemos demonizar, y con realidades semejantes que no debemos divinizar. Se trata de reajustar herramientas, de redefinir posiciones, de repensar la democracia, sin cambiar los valores y los principios.

Un tiempo con menos certezas y mas incertidumbres, pero por ello, más rico en matices, más necesariamente didáctico y deliberativo, menos dogmático. Un tiempo abierto a la mejor comprensión de quien no piensa igual, que para nada significa, acercarse a su pensamiento ni asumir el mismo, sino, nada más y nada menos, que delimitar adecuadamente el campo del debate democrático, sin miedos ni fundamentalismos que sólo sirven para extremar las posiciones y enfrentar banalmente personas y colectivos, con los resultados que, desgraciada pero tozudamente, nos enseña nuestra historia.

Creo que el tiempo que viene pondrá en primera línea de la política la idea de “centralidad”, no cómo asemejada al centro político, como se entiende hoy, si es que existe el mismo, sino como expresión de capacidad de saber entenderse con todas las demás opciones políticas. Saber, como señalaba antes, arbitrar los acuerdos y los desacuerdos, saber convivir con los consensos y los disensos, que van a seguir existiendo afortunadamente en nuestra sociedad, pero dentro de un marco de convivencia lo suficientemente descargado de inquebrantabilidades innecesarias, emocionales y rancias y lo suficientemente dotado de razonamientos democráticos, ciudadanos y políticos, que ofrezca a la gran mayoría de españoles y españolas, seguridad en el medio plazo, fortaleza en el futuro y garantías de comprender la compleja realidad global en la que vivimos y viviremos.

Ese recorrido político, al margen del proceso de investidura próximo, y esa visión de la sociedad, está encarnada hoy por el PSOE y su candidato a la presidencia del gobierno. Un papel de centralidad política asumido en términos generales, y apenas discutido socialmente. Conseguido, reconozcámoslo, más en términos cualitativos que cuantitativos, pero es que esa es otra de las características del tiempo que viene; la centralidad y la relevancia política vendrá dada por cuestiones cualitativas. Las cuantitativas, a la vista está, no alcanzan, por si solas, para nadie. No deberíamos, por tanto, sino compartir, colaborar y apoyar a la efectiva realización del citado recorrido político.

Compartir
Etiquetas