El tráfico en Granada, una pesadilla cotidiana
23 agosto 2009 | Categorías: Tribuna de Opinión |
Carmen García Raya | Portavoz del Grupo Municipal socialista
La ciudadanía acaba, con el paso del tiempo, distinguiendo entre aquellos alcaldes, comprometidos, que tuvieron la talla y la categoría para afrontar los retos de futuro e impulsar los cambios estratégicos necesarios para la modernización de una ciudad, de aquellos otros populistas, que sólo alcanzan a ver y gestionar los asuntos ordinarios del día a día con la única pretensión de ganarse el favor o reconocimiento inmediato y pasajero del gusto popular.
Lo que diferencia estos dos tipos de gobernantes es su capacidad para ser, o no ser, los precursores de los cambios precisos, aún cuando parte de la ciudadanía local no los valore, en su momento, como importantes y positivos. En este sentido, pensemos en aquellos alcaldes que optaron, en los años ochenta y noventa, por ganar para los peatones gran parte del viario público, hasta entonces entregado a los coches y al tráfico rodado. Dicha actuaciones fueron muy contestadas y tuvieron sus detractores pero ahora, con el paso del tiempo, todos las valoramos positivamente porque han sido evidentemente beneficiosas para la movilidad y el bienestar en nuestras ciudades favoreciendo la actividad comercial y las relaciones sociales. Los gobernantes locales de entonces supieron anticiparse a su tiempo con valentía y visión. Así, hoy, seguir impulsando zonas peatonales en los cascos históricos no tiene gran mérito es sólo cuestión de dinero y de seguir el camino emprendido por otros que supieron estar, como digo, a la altura.
En Granada, se echó en falta, en otro tiempo, allá por los años setenta, la existencia de un alcalde con visión y perspectiva de futuro, que se hubiese opuesto al desmantelamiento total de una de las más importantes redes de tranvías, de carácter local y metropolitano, que había en España. Otras ciudades como Lisboa, Praga, Zurich, Brusela, etc. sí supieron mantenerlas y modernizarlas. Con toda seguridad, una adecuada reestructuración y remodelación de aquellas líneas y una profunda modernización de las resultantes, habrían dejado bastante resuelto el grave problema de movilidad del centro de Granada basado en un transitar continuo de autobuses urbanos e interurbanos, en caravana casi permanente, de un sinfín de coches privados que se encuentran atrapados y perdidos en un continuo caos de direcciones prohibidas y de direcciones que le vuelven siempre al mismo lugar o de taxis en cuyo interior se observa con pavor como el contador se dispara y el camino recorrido no avanza.
El señor Torres Hurtado después de seis años al frente del Ayuntamiento de Granada se puede decir que es de esos alcaldes que pasarán a la historia por no dar la talla. Es obvio que ha hecho poco en beneficio de la movilidad. El tráfico ha ido empeorando progresivamente de manera, que es percibido por los granadinos como una de las cuestiones que más les preocupan. Ahora, nuestro alcalde nos tiene a todos expectantes -después de haberse recorrido miles de kilómetros en busca de un vehículo fantástico (sin raíles y sin catenaria), que deberá tener capacidad para mover a más de 20 millones de viajero al año- y a la espera de ver la materialización de un proyecto que esperamos que cumpla y no se sume a la serie de decepciones a que nos tiene acostumbrados.
Y es que en materia de movilidad, el Sr. Torres Hurtado, se rige por dos principios básicos que tiene a gala pregonar y defender: el primero, que los coches son los que van a resolver las necesidades de movilidad presentes y futuras y, en consecuencia, van aumentar su número y presencia en las calles de manera inevitable; y, el segundo, que en caso de conflicto entre la movilidad sostenible en transporte público y el tráfico de los coches, éstos no deben sufrir restricciones en su circulación libre; por tanto, se les debe garantizar su paso por las vías de coincidencia con el transporte público, o realizar nuevos e impactantes túneles subterráneos para tal menester.
En movilidad no hay que inventar nada. Solo basta con seguir los principios rectores del Libro Blanco del Transporte de la Unión Europea. Allí se recomiendan y orienta a las ciudades hacia la revitalización de los sistemas ferroviarios, a la intermodalidad, al transporte urbano de calidad, limpio y eficiente. Se indica que los coches en el interior de las ciudades no son rentables desde ningún punto de vista, ni desde el económico, ni desde el energético, ni desde la seguridad o desde el punto de vista de la contaminación; que los coches restan de manera considerable las posibilidades de habitabilidad en los espacios urbanos; que necesitan 20 metros cuadrados de viario público para aparcar. Mientras el estas recomendaciones, y espero que lo haya hecho durante sus vacaciones, en Granada cada vez queda menos espacio disponible para que los niños jueguen y para que la gente pasee placenteramente. Nuestra ciudad necesita que el alcalde entienda, por fin, que le toca liberarnos del “peaje” que debemos pagar cada mañana por la ratonera permanente e insufrible en que se han convertido las calles de nuestra bella ciudad.
Publicado en La Opinión de Granada. 23 agosto 2009



































