Inocentemente
15 enero 2009 | Categorías: Tribuna de Opinión |
José Antonio Aparicio López – Secretario de Ciudades de la C.E.P
Corrían los idus de marzo pasado, cuando aparecía en estas páginas el doscientos de aquellos ‘Decires’ míos, con el que abría paréntesis de mudez de cierre incierto. Decía entonces que quería pensar, que más necesitaba pensar que decir. Y lo he hecho. Incluso sobre cosas que no hubiese querido nunca. Ni las llamé ni fui a por ellas. Vinieron sin avisar, asaltaron mi cabeza de sentir y allí se instalaron hasta que las pensar.
Largo trasiego. Hoy vuelvo a escribir para ustedes, aunque poco o nada aspiro a dejar dicho, que con platicarlo me conformo. Dicen y es verdad que se trata de una de las cosas más agradables que pueden hacerse, por arrimarse mucho más al conversar, charlar, dialogar o departir que simplemente al hablar o al decir. Guarda además el verbo en mi recuerdo una dosis de cariño insobornable.
Lo oí por primera vez entonado por tarantos en una serie que me cantaba mi padre a solas, con su mano grande y trabajada en un ir y venir constante entre acariciar mi cabeza chica y remolineada y apretar dulcemente mi rodilla canija, mientras miraba de ninguna parte a mis ojos y de mis ojos a ninguna parte: ‘Ayer tarde fui al teatro / y vide a la emperatriz. / Platiqué con ella un rato / y al fin me vino a decir: / pa cantar Pedro el Morato’.
Le pregunté al terminar qué cosa era lo de platicar y me respondió sin academia ni escuela que sentirse a gusto hablando con otro, como él y yo lo estábamos esa mañana de lluvia, y por tanto de migas y no esparto, me puso por ejemplo. Así que platicar quiero, reiterando a este respecto cuanto dije en el primero de aquellos ‘Decires’ (2003): de unas cosas por preocupantes y de otras por divertidas, que de todo debe haber en esta viña, que no es de ningún señor.
No han sido pocas –confesarlo quiero– las veces que en este tiempo, al rebufo de noticias varias, me he sujetado la mano de escribir con la de no hacerlo, la lista con la tonta, dicen. La última y la que más trabajo me ha costado (aunque a lo mejor la platico así por reciente) ha sido la protagonizada por Luís García Montero y José Antonio Fortes, profesores uno y otro de la que hasta no hace mucho se llamó oficialmente Universidad Literaria de Granada y que probablemente alguien muy avisado eliminó a tiempo lo que habría de sobrarle.
El filibusterismo elevado a excelsitud saltimbanqui de Sebastián Pérez con ocasión de su último congreso ‘pepero’ también me atrajo bastante. Un poco menos, pero también lo hizo, el ascenso de monseñor Cañizares a la prefectura de un limbo más limbo todavía… Y más cosas, más. Así que vuelvo, porque seguramente que en esto y conmigo también llevaba razón el fandango: ‘Que alejándote me olvidabas / creíste tú inocentemente, / que alejándote me olvidabas. / Tuviste el inconveniente / que, contra más te alejabas, / más me tenías presente, / porque conmigo soñabas’. Eso. Platicamos.
Publicado en La Opinión de Granada el 15 enero de 2009



































