Mal Gusto
17 marzo 2010 | Categorías: Tribuna de Opinión |
Alejandro Prieto
¿Se imaginan que pasaría si en la Plaza de España de Sevilla de pronto pusieran las farolas cubistas de nuestra Gran Vía con la excusa de quitar ese “aspecto pueblerino” del que habla nuestro Alcalde?
¿O si en el Parque de Maria Luisa levantaran de la noche a la mañana farolas modelo “palitroque ortopédico” como las que han puesto en nuestro Paseo del Salón? Pues sencillamente que la ciudad entera buscaría a su Ilustrísimo para decirle: “¿Se ha vuelto loco?¿Cree que vamos a permitir que usted llegue y destruya de un plumazo toda la magia y la belleza de algo que es tan importante para nosotros?”
Desde que Torres Hurtado gobierna esta ciudad hace ya algunos años, una fiebre de mal gusto y mediocridad sacude la ciudad, y en especial nuestro centro histórico.
Lo primero fue el Parque del Triunfo: junto a los 500 años del Hospital Real se colocaron unas farolas de estilo moderno que nada pintan ahí. Pero aquello era una minucia comparado con lo que nos quedaba por ver.
Después llegó lo de la Gran Vía. Su remodelación debería estudiarse en la Universidad como ejemplo de lo que nunca se debería hacer en urbanismo. A parte de las incomestibles lámparas cubistas, que resultan feas siempre, pero mucho más en ese escenario, las farolas con su sistema de mástiles horizontales crean un efecto “techo“ que ahoga la calle por completo. Si a eso unimos el efecto trinchera que crean las aceras con los bordillos levantados, la congestión visual es intolerable. Así que una calle preciosa, que debería ser una de las postales típicas de Granada, se ha quedado en lo que es, una calle de paso, donde no merece la pena estar más de lo necesario.
Después le tocó el turno al Realejo: El Campo del Príncipe y sus calles aledañas se revistieron con el sucio y gris granito. La estampa fue tan dantesca que ellos mismos recapacitaron y volvieron a levantarlo todo para colocar esta vez el típico empedrado granadino. (que más da hacerlo dos veces si el dinero no es suyo)
Sin embargo se olvidaron de quitar su entramado de vallas. De modo que ahora los delicados dibujos del empedrado y la sutil arquitectura de callejuelas y casas conviven con una red de enormes vallas que tienen la misma sutileza visual que un elefante en una cacharrería.
Las críticas iban en aumento, pero este Ayuntamiento con la prepotencia típica de un “cateto con dinero” no escuchaba a nadie y pensó que ahora le tocaba el turno al Albaicín. Por suerte esta vez le pararon los pies.
La ultima “joya” del Alcalde ha sido nuestro Paseo del Salón y de La Bomba. Por supuesto de nuevo había que dejar su impronta. Nada de realzar la belleza clásica de la zona, había que darle ese toque macarra tan suyo, y para eso nada mejor que usar sus farolas es forma de L invertida. Ahora, junto a impresionantes palacetes de principios de siglo y jardines de estilo francés se levantan farolas destartaladas que roban de nuevo la magia a un magnífico conjunto de nuestra querida Granada.
Si uno se fija bien, se da cuenta que la falta de criterio de este Ayuntamiento es visible en cada cosa que hace. En la calle Molinos, por ejemplo, a espaldas del Campo del Príncipe, en una hilera de fachadas blancas reconstruyen una casa y la pintan de color gris oscuro. Las calles del centro las peatonalizan, pero lo hacen sin ninguna delicadeza, deprisa y corriendo, y ante el desangelado resultado solo se les ocurre poner unos cuantos maceteros para disimular su insulso aspecto. La lista sería interminable…
Me pregunto si Torres Hurtado tendrá en su casa un enorme mapa de Granada y si cada día se levanta pensando: ¿Que me puedo cargar hoy?
Publicado en Granada Hoy



































