Obviedades del nuevo tiempo político.

José María Rueda Gómez. Secretario general del PSOE de Granada y Candidato al Senado.

Artículo de Opinión publicado en Granada Hoy (25/05/2016)

Tribuna de Opinión

Estamos a las puertas de una nueva campaña electoral, tras los intentos fallidos en la anterior (y brevísima) legislatura por lograr una mayoria parlamentaria que sustentara un gobierno. Una nueva oportunidad para hacer didáctica política, para debatir y compartir ideas, huyendo de las intencionadas llamadas a renunciar a la política que se lanzan desde diversos sectores sociales y mediáticos. Tengamos claro que la democracia “cuesta”, es cierto que no debe hacerlo desproporcionadamente ni con alharacas. Pero el ejercicio democrático en una sociedad madura requiere elementos para confrontar las ideas, para contrastar las posiciones, y para exponer los principios y estrategias que sustentan todas las opciones políticas en liza. Sin eso, no estamos hablando del ejercicio democrático en su esencia, sino de otra cosa.

Afrontemos, pues, esta nueva oportunidad, para trasladar a la opinión ciudadana las claves que, desde la óptica socialista, conforman nuestra propuesta de país y de sociedad, y que, pese al ruido que llega de según que entornos, es perfecta y nítidamente diferente al resto. Lo que no significa que se cierre al necesario y evidente diálogo y acuerdo con otras fuerzas políticas, a la vista de la plurralidad existente en nuestro mapa político, y sobre todo, de la magnitud de los retos que hemos de afrontar como sociedad en los próximos tiempos. A este respecto, la sociedad española tiene un cercanísimo referente en la actitud de los partidos políticos en los últimos meses, sobre la que no incideré. La sociedad es sabia y no precisa que los representantes políticos gastemos tiempo en solemnizar lo obvio y lo conocido, sino en explicar el trasfondo de las decisiones y a qué caminos nos conducen.

Y, para mí, el trasfondo principal, ha de ser la unánime necesidad que tiene la sociedad española de redefinir y mejorar su marco de convivencia política, es decir, nuestra Constitución. Desde 1978 es indudable el gran servicio que nuestro texto constitucional ha prestado a la organización de nuestra convivencia en libertad. Como es indudable, que , como sociedad, nos merecemos, reformar el mismo, adaptarlo a las nuevas necesidades, y tambien a las nuevas realidades que nos ofrece el tiempo actual. Ese gran pacto nacional requerirá esfuerzos, renuncias y sacrificios, como en 1978. Sin ellos, todo lo que se diga sobre la necesidad y conveniencia de reforrmar la constitución, será verborrea inútil. Y creo que caben pocas dudas de que ese nuevo pacto convivencial (social, politico y teritorial también) es la gran tarea de la política hoy. Lo fue tras el 20 de diciembre pasado, y pasó lo que pasó. Ha de volver a serlo tras el 26 de Junio o estaremos condenados a llevar al fracaso, nuevamente, una legislatura que carecería de sentido sin ese gran pacto.

Bajo esa idea cobra su sentido el acuerdo entre el PSOE y Ciudadanos que se alcanzó en la legislatura pasada. Un acuerdo hecho para romper dinámicas pasadas, y un acuerdo hecho para constituir el primer paso de otro acuerdo mucho más amplio, que es el que precisa la reforma de la constitución, pues en caso contrario, será irrealizable. Un intento, al que acompañaron todas las suspicacias habidas y por haber, naturalmente, que pretendía acercar las partes mas centradas socialmente de cada opción política clásica (izquierda y derecha), como ejemplo de lo que hay que hacer para lograr el gran consenso nacional. Un intento rechazado por las partes menos centradas de cada opción. Legítimamente, desde luego, pero con una carencia de visión estratégica y del medio plazo, que realmente, resulta inentendible, salvo desde la óptica electoralista y cortoplacista, el gran enemigo de una visión seria del país en el actual momento político.

Un primer paso que conviene explicar claramente, en su sentido, en su significado y en su proyección estratégica. Como habrá de serlo, la ineludible necesidad de que las fuerzas políticas de los “extremos” comprendan que acercándose tan solo a su “cercano” ideológicamente, no se consigue la trasversalidad que la situación politica requiere y demanda. Más bien se ahonda en las diferencias y en los frentismos, en la incapacidad de articular posiciones compartidas. Y desde luego, no se avanza en el consenso necesario.

La propuesta de reforma constitucional que el PSOE ofrece a los españoles y españolas es seria y razonada. Pretende dibujar una nueva concepción de los derechos y libertades a proteger. Sitúa en el vértice de su propuesta la necesidad de equiparar las exigencias de estabilidad presupuestaria con la defensa y protección de los sectores más desfavorecidos. Y, por supuesto, apuesta por una solución federal e inclusiva, para garantizar a nuestra sociedad, al menos, otros 40 años de convivencia en la diversidad de los diferentes territorios e identidades que conforman nuestra realidad nacional. Ante ello, no creo que quepan más escapismos ni mas lealtades inquebrantables a no se sabe que. Y si cupieran, no contribuyen, de ninguna manera, a construir el nuevo país que nuestra sociedad reclama.

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