¿Radicales y extremistas?.

José María Rueda Gómez. Secretario general del PSOE de Granada
Publicado en el Diario Granada Hoy (11/02/2016)

Tribuna de Opinión

Al margen de la sonoridad de los términos que titulan estas reflexiones, y del impacto que su reiteración puedan provocar en los oídos “bienpensantes” de una parte de nuestra sociedad, conviene no quedarse en la corteza de los mismos y profundizar, someramente, en los contenidos de los que se proclama tal calificativo. Lograremos de esta forma que el uso de las palabras “radical” y “extremista” no se convierta en moneda al uso en estas semanas que han de ser, o deberían serlo, de riguroso análisis político, ni mucho menos, sirva de cobarde coartada a quienes se resisten a considerar que los cambios sociales y políticos en España ya están aquí, que han venido para quedarse y que más vale asumirlo. De lo contrario, creo que estaremos errando el diagnóstico, y lo que es peor, intentando disfrazar justamente de radical y de extremista, lo que no es sino la demanda de millones de ciudadanos que el pasado 20 de diciembre, reclamaron en las urnas un cambio de políticas, un cambio de actitud, y un cambio de rumbo.

Si analizamos la propuesta programática que el PSOE ha trasladado a las fuerzas políticas, tras recibir el encargo del Jefe del Estado para intentar conformar una mayoría parlamentaria, observaremos que en ella aparecen medidas tales como la elaboración de un nuevo Estatuto de los Trabajadores, que ponga en su vértice, la negociación y la concertación social, y que, a su amparo, se impulse un Plan de choque para el empleo, y un Plan de Garantía joven, y que, además, se acometa en España una reforma del sistema fiscal, que lo haga más justo y progresivo que el actual. No parecen medidas que puedan tildarse de “radicales” ni de “extremistas”, más bien, de profunda justicia y solidaridad con quienes más sufren en sus carnes las secuelas de la crisis.

Si continuamos con el análisis de la citada propuesta programática, advertiremos que se contempla una adecuación de las cotizaciones de los Trabajadores Autónomos a sus ingresos reales, así como una Ley de segunda oportunidad que no despilfarre el capital humano existente en nuestro país a las primeras de cambio. Del mismo modo, y seguramente para posibilitar el empleo de millares de autónomos que en su momento trabajaron en el sector de la construcción y afines, se propone un Plan de rehabilitación sostenible de la vivienda. Tampoco parecen medidas caracterizadas por su radicalismo o extremismo, sino justamente, propuestas encaminadas a corregir los intolerables niveles de desempleo y la pésima calidad del empleo que las políticas del PP han ocasionado.

Así podríamos continuar con el análisis del documento completo de medidas programáticas, y veríamos en el mismo, aspectos como la paralización de la aplicación de la Ley de Educación del PP, que consiguió la práctica unanimidad en su rechazo de toda la comunidad educativa. O cuestiones fundamentales para la salud democrática de una sociedad como el establecimiento de un Ingreso Mínimo vital, la elevación del Salario mínimo interprofesional o la consecución de un Pacto contra la lacra de la violencia de género que azota a tantas mujeres españolas. Y también contemplaríamos, seguramente con satisfacción y orgullo, como se propone la supresión de las más que injustas Tasas judiciales que han impedido a tanta gente el ejercicio de un derecho fundamental, o la inmediata derogación del Código Penal en el apartado relativo al derecho de huelga, o la más que anhelada reducción del IVA cultural al 10%, poniéndolo en un tipo asumible, que no condene al ostracismo a tanto creador cultural en nuestro país.

No creo que nadie en su sano juicio pueda considerar que estamos ante medidas radicales ni extremistas. Parece evidente que se corresponden con la más elemental y básica necesidad de transformar, de regenerar y de cambiar para mejor. Necesidad refrendada, claramente, en las pasadas Elecciones generales, bien es cierto que diversificando las fuerzas políticas receptoras de ese deseo ciudadano. Razón por la cual, dichas fueras políticas están llamadas a intentar concertar y negociar el cómo, el cuándo y el dónde de esas medidas, sobre el impulso de la más votada de ellas, el PSOE. Dado que el porqué y el para qué resultan obvios, además de democráticamente contrastados. Así son, y así van a ser, los nuevos tiempos políticos

Cómo ha quedado contrastada, y retransmitida en directo a todo el país, la absoluta incapacidad de la primera fuerza política y su líder, de sumar ni un sólo voto ni un sólo escaño a los suyos propios, demostrando así, la soledad y el aislamiento que su gestión de los últimos 4 años, ha provocado en la sociedad española. Radical debería ser la reacción del PP ante esa evidencia y ante ese rechazo tan rotundo, si quiere empezar a asumir la nueva realidad política y social.

Y radical debería ser también la actitud de la ciudadanía frente a quienes, por tacticismos o cálculos electorales, y más allá de la compleja lógica negociadora, pudieran impedir la plasmación en alguna fórmula de gobierno, de las propuestas políticas aquí enunciadas.

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