Suéltame el dinero y corre
22 mayo 2009 | Categorías: Tribuna de Opinión |
José Antonio Aparicio – Secretario de Ciudades de la C.E.P.
Visto lo visto, o sea demostrado lo esperado, a poca gente habría extrañado ni sorprendido ver rotulado semejante eslogan en los carteles de obras del ayuntamiento de Granada. Felices hubiera hecho seguramente a don José (Torres, alcalde) y a doña Isabel (Nieto, edil de Urbanismo) ver reducidos como mucho a esa frase los 41.805.867 euros aportados por el Plan Español para el Estímulo de la Economía y el Empleo, abreviadamente Plan E y más conocido como Plan ZP. Sebas hubiera epatado. Doña Isabel, a estos efectos solícita y diligente aparcera de don José y de Granada, su cortijo, ha seguido inasequible al desaliento el guión de esta película, que, con el título que encabeza este artículo, narra la historia de un empecinamiento detrás de otro y que a la postre ha hecho perder la bonita suma de 4.994.755 euros (831 millones de pesetas).
Cuando el 3 de diciembre se apagaron las luces, se abrió el telón y empezó la peli, con el fondo atrás muy refulgente de dos titulares de prensa: “El Ayuntamiento sube el gasto social pero rebaja a la mitad las inversiones en barrios” y “El Ayuntamiento reduce en más de un 40 % las inversiones en la ciudad”, doña Isabel aparecía en primera línea de fuego, digo de pantalla, anunciando otro sobre los fondos ZP: “Hay que ser cauta, por si esa partida que destinará el Gobierno no acaba siendo un mero titular de prensa”, y, sin un fundido siquiera, se la veía ya en plena faena, arremangada como hacendosa granjera, a la búsqueda nada cauta de proyectos municipales nuevos, viejos o rescatados de obligaciones de terceros (como el del la plaza del parking del Violón) con los que sumar los 41,8 millones que esperaban su recolecta.
Entre pipas y palomitas la peli siguió su curso. Logró recolectar 107 proyectos de los que se aprobaron 97, por importe total 41.805.867 euros, de los que sacó a licitación la primera tanda a la que concurrieron 70 empresas. Sorpresivamente, sólo 2 de las 21 adjudicaciones llevaban consigo la contratación de nuevos trabajadores, siendo sin embargo normativamente para estos fondos el primer criterio de adjudicación. Explicó doña Isabel que ella había puesto por delante el de hacerlo en menos dineros, porque ella es la que más sabe y los demás no se enteran. Con que Carmen García Raya (portavoz del PSOE) era una ignorante por advertirla subió el clímax del film en pleno enredo tramposo. No fue más que un instante.
Así prosiguió la cosa hasta engordar con rebajas los cinco millones que se han perdido, si bien es cierto que entremedias montó varios pollos. Uno, negándose a comenzar ni una sola obra hasta contar con los cuartos a tocateja, que lo mismo ingresó luego en cuenta de ahorro hasta que deba ir pagando a los contratistas; y con sus retrasos, que no son pocos. Otro, con los carteles de las obras, llegando a decir que los que debían indicar de dónde venía el dinero (Plan ZP) mermaban la inversión, en tanto que los que anunciaban quien lo recibía (el Ayuntamiento), que eran igual de grandes o más, salían gratis porque los pagaban las empresas adjudicatarias, única escena que causó hilarante risa en la sala (los demás son para llorar) por saber los espectadores que los unos, los otros y hasta los anuncios de licitación los paga obligadamente la empresa que se queda finalmente con la obra, pero bueno… ella es siempre la más lista.
Tan lista que de los 97 proyectos más de la mitad (50) fueron a parar a sólo 10 empresas y de su importe total adjudicado (36.810.686 euros), o sea con la rebaja que al final de la peli veremos que resulta un timo, esas mismas empresas se adjudicaran dos tercios (24.526.686 euros), en tanto que las otras 39 seleccionadas tuvieron que conformarse con 12.284.000. Y más lista todavía, porque, tras leerse una noche la normativa y darse cuenta de que “el ahorro”, que había servido además para descartar a unas empresas y acoger a otras, no podría utilizarlo a su libre albedrío para nuevas ideas constructivas o de lo que se le ocurriera (cosa a la que se sumó en escena don José, abundando en que, por ser tan buenos y tan listos, iban multiplicar los panes y los peces de ZP), sino que sólo y obligadamente a proyectos adjudicados que en su desarrollo encontraran desfases imprevisibles y como máximo hasta el límite de lo licitado (sin la rebaja) y en cualquier caso en la fase de finalización de la obra.
Ante semejante e ineludible resultado de lo que lo mismo había sido su primera lectura, doña Isabel aguza el ingenio más todavía y decide modificar al alza ni más ni menos que 39 de las obras ya adjudicadas, algunas incluso sin haberse comenzado (que vaya usted a saber qué dificultades imprevistas habrán encontrado en su ejecución), con lo que, además de resultar un intento vano de rescatar dinero a sabiendas y por tozudez perdido, encima resulta que las rebajas que sirvieron para adjudicarles obras a unas empresas y no a otras, acaba siendo un subterfugio indisimuladamente embustero y fraudulento de adjudicación y de descarte.
La peli sin embargo no ha acabado. Falta sobre todo que, siendo la finalidad principal de este plan estimular el empleo, se compruebe que se está cumpliendo con lo previsto en la adjudicación de cada obra a este respecto, es decir, a la efectiva contratación en total de 393 nuevos trabajadores y al mantenimiento de 1.472 empleos existentes, o lo que, dicho de otra manera, también consta en las ofertas seleccionadas: la efectiva realización de 62.371 jornadas de trabajo, de las que 34.283 debían serlo de empleo directo y 28.088 de empleo inducido o indirecto. Por lo que yo sé de buena fuente en los tajos de obra, nasti de plasti, ni una cuarta parte. Ya veremos cuando acabe la película. Ahora, silencio, se rueda.
Publicado en La Opinión de Granada. 21 mayo de 2009



































