Una historia con futuro.

José María Rueda Gómez. Secretario General de la Agrupación Local del PSOE de Granada
Artículo de Opinión publicado en Ideal (31/03/2017)

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El 2 de Mayo de 1879 se constituyó en Madrid el PSOE. Apenas 13 años más tarde, el 12 de Febrero de 1892, en Granada tenemos constancia de la  primera prueba documentada de la existencia de un grupo de personas, agrupadas y organizadas en torno a unas ideas, a unos principios y a unos valores. En eso consiste, básicamente, el sentido de un partido político. Desde luego, el sentido del PSOE. Gente diversa que se organiza en torno a ideas y valores, para así, de manera organizada, defenderlos mejor y con más posibilidades de éxito. Sentido colectivo frente a lucha individual.

Una organización, el PSOE, que de este modo, ha transitado durante casi siglo y medio, por la historia de España y de Granada;  por la vida de sus gentes; compartiendo con la sociedad sus cambios y sus vaivenes; sus momentos buenos y los malos. Como se suele decir, y no sólo por su centenaria historia, es el partido que más se parece a la sociedad española. Siempre lo fue, cuando el partido y la sociedad apenas se parecían a lo que son en la actualidad. No hay ningún motivo para pensar que ahora que la sociedad y el partido vuelven a cambiar, éste no siga siendo el que más se parece a aquélla. Al menos, no lo hay para quien suscribe estas reflexiones.

Hemos culminado en la ciudad de Granada un brillante Ciclo de conferencias al hilo de los 125 años de existencia de nuestra agrupación. Un recorrido histórico riguroso, desapasionado y con proyección de futuro. En el mismo, hemos visto reflejado parte del debate en el que, hoy, estamos inmersos. Nuestra historia es compleja, tiene claros y oscuros, momentos buenos y malos, incluso muy malos. Pero aquí seguimos, jalonados de éxitos y fracasos, y pretendemos seguir mucho más tiempo.

El PSOE obtiene sus primeros representantes públicos (concejales y diputados) en los inicios del siglo XX. Resulta difícil dicha cosecha, de ahí la alegría que supone esa consecución y las repercusiones que siguen. Nada que ver con los impresionantes triunfos logrados en las dos primeras elecciones municipales de la democracia, las de 1979 (en coalición con otras fuerzas de la izquierda, pues no conviene olvidar que así también se gobierna en democracia), y las de 1983, esta vez en solitario y de manera muy holgada. Y que decir de las elecciones Generales de 1982, y las Autonómicas del año siguiente.

A lo largo de su historia, en el seno del PSOE se han vivido grandes debates y controversias. Esto no es de ahora. Debates profundamente ideológicos, por supuesto, como la entrada o no en la Internacional comunista y sus consecuencias; el debate sobre la definición marxista del programa político, la pertenencia de España a la OTAN, etc.

También debates fuertemente estratégicos. Nada menos que colaborar u oponerse a un régimen político (la dictadura de primo de Rivera), en función de objetivos coyunturales o tácticos, no coincidentes. Entrar en el gobierno, incluso presidirlo, como en la Segunda República. O intentar presidirlo, con la colaboración de otras fuerzas políticas, como hace unos meses. El debate, pues, de las alianzas o acuerdos políticos no es nada nuevo en el PSOE. Como no lo es en la sociedad

Por supuesto, debates de otro tipo, podemos denominarlos “generacionales”, o debates surgidos de la confrontación de distintas visiones de la realidad del país, por ejemplo, la que se tenía en los años 70 del siglo pasado desde el interior de España o la que se tenía desde el exterior. Que resultaron irreconciliables. A ello no era ajena la pertenencia a una generación u otra, tampoco las diversas experiencias vitales, ni los contextos políticos y su comprensión, o las demandas sociales. Exactamente como ocurre ahora.

Y naturalmente, porque hablamos de personas, también debates y controversias de poder, pues la lucha por el poder y su ejercicio es connatural a la acción política.

La historia del PSOE, que en buena parte, es la historia de nuestro país, nos enseña fundamentalmente que lo que perdura, muy por encima de las personas, es la vocación de servicio a la sociedad. Una sociedad cambiante y en constante evolución, como debe ser el instrumento que pretende transformarla en la senda de mayor igualdad, justicia y libertad. El mejor servicio hoy del PSOE a España es saber entender y asimilar las razones del desapego ciudadano hacia nuestras siglas, y de la desafección hacia la política en general. Entender y asimilar esas razones huyendo del patriotismo de partido, que suele limitar la comprensión, y abriéndose a una nueva realidad. Porque ésta, la nueva realidad, se va a abrir paso, se lo está abriendo, queramos o no. Conviene abrir los ojos y no cerrar las mentes.

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