José Antonio Aparicio – Secretario de Ciudades de la C.E.P.
Así requieren confirmarlo los alumnos cada principio de curso. Cuando se presenta la asignatura, siempre hay uno que pregunta: ¿Y las faltas de ortografía quitan puntos? A lo que se responde: ¡Pues claro! Después del murmullo de desaprobación y descontento, también siempre hay otro que matiza: ¿Y los acentos? A la automática respuesta de que también, que en voz menos contundente responde el profesor, sin querer distinguir entonces entre ‘acento’ (relieve que en la pronunciación se da a una sílaba de la palabra, distinguiéndola de las demás por una mayor intensidad o por un tono más alto, dice la RAE) y ‘tilde’ (rayita oblicua que en la ortografía española vigente baja de derecha a izquierda de quien escribe o lee y que se usa para indicar en determinados casos la mayor fuerza espiratoria de la sílaba cuya vocal la lleva y también para distinguir una palabra o forma de otra escrita con iguales letras, dice también la RAE), hay un tercero que dice: ¿Pero menos, no?

Y el profesor se calla unos momentos para, sin afirmar ni negar, establecer un relativismo condescendiente: no es lo mismo escribir burro con uve que no ponerle su tilde a ‘cántaro’. En eso más o menos estamos. Doña Montse Nebrera, catalana y charnega (que eso no lo dice, aunque sí dice que su padre es de Jaén, que es lo mismo), plenamente asimilada sin embargo al más puro señoritismo clasista (y fascista por discriminador excluyente y vituperante) ha puesto el acento en el de Magdalena Álvarez, ministra, olvidando sus (de doña Montse) rudimentarios conocimientos fonéticos, a pesar de haber aprobado –no sabemos si estudiado– filología y deber saber por tanto que entre los componentes acústicos de las ondas sonoras (tono, intensidad, cantidad y timbre) no está incluido el acento.

No obstante, sin entrar a menores, su PP le ha incoado expediente de expulsión por acentuar tan electoralmente mal. Nada han dicho sobre las faltas de ortografía mayor: que la llame chiste o cosa, que ya es cosa mala, y que atribuya el que lo sea a su procedencia andaluza. Siendo verdad constatable que doña Magdalena Álvarez precipita la prosodia (pronunciación) de sus palabras y frases, no lo es menos que en no menos medida lo hicieron y persisten don Manuel Fraga y don Jordi Pujol, como paradigmáticos ejemplos de igual clase: la política. A ellos sin embargo nunca se les endosó semejante prosodia ni para llamarles chiste, ni cosa. Menos para radicar en su procedencia geográfica el origen insoslayable de su descamino.

Nadie ha dicho nunca que Fraga mal hablara así por ser gallego, ni Pujol por catalán. En absoluto cabe suponer por tanto que la respuesta para con la charnega signifique que el PP haya entrado ni quiera entrar en la raíz de auténtica falta de ortografía democrática de la que el acento de la Nebrera no es más que un síntoma. Si así fuera, deberían haber hecho cosa parecida con Mayor Oreja, cuando adosó el voto andaluz de izquierdas al miedo; con Juan Carlos Aparicio, cuando acusó a los andaluces de indolencia genérica; con Vidal Cuadras, cuando llamó a Blas Infante cretino y payaso; o con Ana Mato, cuando tildó de analfabetos a los niños andaluces y que encima seguramente les gustaba serlo.

Tampoco, cuando han venido premiando con salarios de alta dirección al más cínico insultador para con andaluces (y extremeños), el juntapalabras Sánchez Dragó, o el escribidor señorito Antonio Burgos. Viene de más atrás: de la negación de la universalidad de derechos fundamentales, el del voto en primer lugar, lo que constituye la más nítida y tajante negación de la democracia. Si fuera verdad que el PP ha decidido asumir la universalidad del primer derecho constitucional, a Sebastián Pérez (presidente provincial del PP de Granada), no tendrían que amonestarlo, sino algo más, aunque bastaría con privarle de lo que más le dolería: tres sueldos (lo que contradice la máxima de ‘sin oficio ni beneficio’, por ser verdad lo primero y tajantemente mentira lo segundo), después de haber afirmado que bastante más de la mitad de los granadinos no votan a él ni a su partido por estar subsidiados por el PSOE.

Nada ha dicho ni siquiera de la diferencia entre subsidiar, si hubiera sido el caso, y trabucar, que lo ha sido fehacientemente en la alteración de censos de Lanjarón, Molvízar, Algarinejo, Güejar Sierra y Valle del Zalabí, o coaccionar como su alcalde de Molvízar, o comprar directamente el voto en el Polígono de Cartuja. Pero claro, es que no tiene aprobada la ortografía lingüística. Ni la democrática. Ni ninguna.

Publicado en La Opinión de Granada. 22 enero 2009